Agustín Tosco, «consecuente con la lucha». Trazos biográficos de un imprescindible

por María Eugenia

Con su distintivo mameluco azul, uniforme de trabajo y de lucha, se convirtió en un símbolo del sindicalismo combativo y protagonista de uno de los hitos de la historia obrera en el país: el Cordobazo.

                El “Gringo” nació un 22 de mayo de 1930 en Coronel Moldes, un pueblo de la provincia de Córdoba. Allí residió junto a sus padres y su hermana hasta el momento de comenzar los estudios secundarios, cuando se traslada a la capital provincial. Cursa en la Escuela de Artes y Oficios Presidente Roca, y allí también da sus primeros pasos en la política al participar en el centro de estudiantes, siendo elegido presidente de éste en el último año.

                A los 17 años termina sus estudios secundarios y decide no volver a su pueblo natal, permaneciendo en la ciudad de Córdoba. Pasó momentos difíciles al no conseguir trabajo y no tener un lugar para habitar, pero afortunadamente –para él y para la historia-, en 1949 ingresa como ayudante electricista del taller de electromecánica en la recientemente creada SPEC (Servicio Público de Electricidad de Córdoba). Al mismo tiempo, comienza el Ciclo Superior de Educación Técnica, de donde egresaría como técnico electromecánico.

                En la SPEC –posteriormente EPEC-, comienza su largo trayecto en el sindicalismo, en Luz y Fuerza. Al poco tiempo de ingresar en esta empresa, es elegido subdelegado de la Central Mendoza, y al año siguiente, en 1953, es electo prosecretario general del Consejo Directivo. Desde su incorporación al Consejo, él junto a un grupo de compañeros a los que denominaron “Generación del ‘53”, consiguieron conquistas como reducción horaria, creación de una bolsa de trabajo y bonificación por eficacia.

                Este joven comprometido ya se proyectaba como una figura de relevancia, con una voz cada vez de más peso entre sus compañeros, en asambleas y congresos.  Así fue que resulta elegido para ser representante de su provincia en el Secretariado de la Federación de Luz y Fuerza. Cuando se produce el golpe de estado del 55, encuentra  a Agustín, como lo haría para el resto de su vida, del lado de la resistencia. En 1956 vuelve a elegirse el Consejo Directivo y la lista que encabezaba Tosco gana, habiendo retornado ya a su provincia natal. Al año siguiente, y en representación de la Federación, asiste a brindar apoyo a compañerxs de la ciudad de Posadas, donde caería preso por primera vez. Ésta no sería la última, ya que fue encarcelado en siete oportunidades.

                Después de la dictadura llega la presidencia de Arturo Frondizi, y con ella, Alsogaray con su “pasar el invierno” y el Plan Conintes, pero también las huelgas y la resistencia popular a las medidas atroces. Aquí hay una anécdota que permite vislumbrar la rectitud del Gringo: cuenta su compañero Américo Melchor González que Alsogaray en persona quiso “comprar” a Tosco con un cheque en blanco para evitar la campaña contra la Ley de Energía[1]. Este lo destrozó en su cara, y mandó a Alsogaray a dedicarle un buen insulto a Frondizi. En 1964 ratifica su mandato gremial con un gran caudal de votos, en parte por su figura y en parte por todos los logros conseguidos para lxs afiliadxs: viviendas, turismo, créditos; además de los salarios dignos y la estabilidad laboral defendidos a capa y espada. En 1968, apoya la creación de la CGT de los Argentinos, encabezada por Raimundo Ongaro, que nucleaba a los sindicatos y federaciones más combativos, lo que le vale la expulsión de la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza, aunque esta decisión de apoyar fuera tomada en asamblea y con un amplio aval.

                Llega 1969 y “el 29 de mayo amanece tenso”, como escribiría en un ensayo para la revista Enfoques. El Cordobazo es realidad, y lo encuentra a Tosco como uno de los protagonistas de ese Pueblo que, en consonancia con otras ciudades del país, salieron a la calle a ponerle un fin a la dictadura de Onganía. Al respecto, relató la revista Siete Días: “El macizo rostro de Tosco se congestionó. Sin gesticular casi volvió a repetir “la gente salió por las suyas, ya nadie dirige”. Sus ojos se habían quedado detenidos allá, en el humo…”. Y más tarde él mismo escribirá: “es la toma de conciencia de todos evidenciándose en las calles. Nada de tutelas, ni de usurpadores del poder, ni de cómplices participacionistas. El saldo del Cordobazo es trágico. Decenas de muertos, cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un pueblo florecen y marcan una página en la historia argentina y latinoamericana que no se borrará jamás”.

                A raíz de ello fue detenido nuevamente, condenado a 8 años y 3 meses de cárcel, además de maltratado por sus captores, y llevado al penal de Rawson. Para el fin de 1969 Onganía decreta una amnistía y Tosco es liberado, junto a otros presxs políticxs. Para ello mediaron paros generales, y los fuegos del Cordobazo que ya se había llevado puestos a buena parte del gabinete nacional y a la intervención cordobesa. El pueblo los recibe –una multitud- al cántico de “muera la dictadura, la lucha continúa”.

                Tosco vuelve a su querido –esto será recíproco- sindicato, con la experiencia del Cordobazo y, para 1971, con el Viborazo, que como su predecesor hizo temblar el suelo de los usurpadores. Las lecciones que dejaban eran muchas, y Tosco era un ávido lector. Para abril, asume como secretario adjunto de la CGT cordobesa, con Atilio López, de UTA, a la cabeza. “Esta CGT no se entregará a la dictadura”. A los días, la dictadura encabezada por Lanusse lo manda a encarcelar, siendo trasladado al penal de Devoto. Allí pasó sus días entre escritos políticos y sindicales, libros, cartas, e incluso ganó las elecciones de Luz y Fuerza de 1971. En una de esas cartas, fechada el 26 de noviembre de 1971, escribió: “El rol de la clase obrera no es participar como socio menor y subalterno en las esferas del poder de la oligarquía y de la reacción, sino impulsar las transformaciones revolucionarias que cambien, en profundidad, este sistema de opresión, de explotación y miseria. El papel de la clase obrera es ser vanguardia, organizada y combativa, de los demás sectores populares para lograr la liberación social y nacional de los argentinos”[2].

                Lanusse decide trasladarlo al penal de Trelew, donde toma contacto con lxs máximxs dirigentes de las organizaciones revolucionarias que allí se encontraban detenidxs. Ante la fuga de lxs compañerxs, y sus posteriorxs fusilamientos a sangre fría, dice Vicente Zito Lema del recuerdo de un compañero: “Cada vez era más profundo el silencio en los calabozos… Nos fue ganando la tristeza más grande del mundo y, de pronto, de a poquito, alguien por la ventana comenzó: Compañeros… compañeros… compañeros… los quiero escuchar… compañeros no se caigan, porque si ustedes se caen ellos están muertos, pero está en ustedes que los hagan vivir… Y esa tonadita cordobesa fue la del Gringo Tosco, que estuvo más de veinte minutos arengándonos y diciéndonos que salgamos y ahí salimos todos de nuestro encierro y yo creo que fue por primera vez que se empezó a mencionar cada uno de los nombres de los caídos y todo el grupo gritaba bien fuerte ¡presente! El Gringo me enseñó algo muy grande, que la voz de los sin voz surge naturalmente”[3].

                El 23 de septiembre de 1972 recupera su libertad –por sexta vez-, y ante la proximidad de las elecciones de marzo de 1973, tuvo dos propuestas: la de la Alianza Popular Revolucionaria, del PC (Oscar Alende a presidente, el Gringo a vice) y la del Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS, conformado por el PRT-ERP entre otros), a presidente. Para las segundas elecciones de 1973, y con la fórmula Perón-Perón como gran candidata, le fueron ofrecidas nuevamente las candidaturas, como la fórmula Tosco-Jaime que quería impulsar el FAS. Nuevamente, fueron rechazadas por el dirigente, pues consideró que resultaba inconveniente enfrentar al peronismo después de 18 años de proscripción, y con una gran masa de trabajadores que apoyaría esta fórmula. Aun así, el cántico “Tosco presidente del pueblo combatiente” lo acompañó infaltablemente en aquel tiempo, principalmente en el IV Congreso del FAS.

                Ya para 1974 los tiempos terribles se aproximaban: la provincia de Córdoba se encontraba con intervención federal mediante, la Triple A tenía en ese lugar a los Comandos Libertadores de América como sus representantes, y personajes muy cercanos al Gringo comenzaron a ser asesinados. En ese contexto se emite una orden de detención contra Tosco, quien debe pasar a la clandestinidad. “Estaba en un lugar al que sólo tenían acceso tres compañeros: uno por el sindicato, uno por el Partido Comunista y uno por el PRT”, según contaría uno de lxs más allegadxs al Gringo durante esos momentos, Roberto Habichayn, militante además de esta última organización. Habichayn además oficiaría como médico.

                Pese a ello, Tosco continúa escribiendo, redactando cartas y documentos, y participa de algunas reuniones. Pero es en este momento, y a raíz de una encefalitis, que comienza el tramo final de su entregada vida. La clandestinidad y la persecución son factores que juegan en contra de este problema de salud, y las fuerzas no ignoraban esto. Finalmente, se lo traslada a Buenos Aires, donde es tratado. Pero la enfermedad avanza y pese a todo, el 5 de noviembre fallece de una infección generalizada. Su círculo se arriesga y decide devolverlo a su provincia, donde una multitud de miles de personas lo despide. El dolor de ese momento, del arrebato de la vida de una persona que marcó otras cientos de vidas y todo un camino de lucha, se conjugó con el operativo dispuesto por las fuerzas armadas, que terminan desatando una balacera. Pero, como diría la dedicatoria del diario Los Principios: “vivió combatiendo por un poco más de luz, y cayó en la sombra, de pie y digno”. O como dijera él mismo, “yo no me planteo cómo tendré que morir, creo que mi fin será consecuente con mi lucha, no sé en qué circunstancia. Lo importante es morir con los ideales de uno. Ahora, no me gustaría morir habiendo traicionado a mi clase”. Y esa es una de las certezas que nos deja para siempre.




Notas

[1] Fundadores de la izquierda argentina. Dubkin, Claudia. 1° Ed. Capital Intelectual. Buenos Aires, 2008.

[2]La lucha debe continuar.Agustín Tosco. Buenos Aires, Rafael Cedeño editor, 1975.

[3]Agustín Tosco : un homenaje / Norberto Álvarez … [et al.] ; compilado por José Rigane. – 1a ed . – Ciudad Autónoma de Buenos Aires. CLACSO ; Mar del Plata : Sindicato de Luz y Fuerza -Mar del Plata; Buenos Aires : FETERA ; Buenos Aires : Fisyp ; Buenos Aires : CTA Autónoma. 2019

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