«La victoria del Apruebo es el principio del fin de la Constitución de Pinochet». Entrevista al movimiento popular chileno

Entrevista al compañero Félix Calderón,
miembro de la Asamblea Villa Frei Sur, de Santiago de Chile

El 25 de octubre fue un día histórico en Chile, con un resultado aplastante del APRUEBO y de la CONVENCIÓN CONSTITUCIONAL. El pueblo movilizado en plazas y calles a lo largo de todo el país celebró este triunfo. A poco de cumplirse un mes de aquel día, conversamos con el compañero Félix Calderón, profesor de historia, militante y miembro de la Asamblea Villa Frei Sur de Santiago para que nos cuente qué balance hacen del plebiscito y cómo ven las perspectivas de corto y mediano plazo en el hermano país.

Senda Guevarista – Entendemos que la dirección que este proceso y sus resultados tomen, es un terreno de disputa ¿Qué lectura tienen de los actores que buscarán apropiarse del proceso y sacar rédito? ¿Qué respuestas se pueden esperar de la derecha y la clase política tradicional en general, frente a este resultado? ¿Qué perspectivas hay del bloque de Unidad Constituyente en particular? Y ¿Qué expectativas existen frente al Partido Comunista por un lado y el Frente Amplio por otro?

Felix Calderón- Los resultados del plebiscito sorprendieron a todo el sistema de partidos tradicionales. Una participación histórica, la mayor votación desde la existencia del voto voluntario, a pesar de las dificultades por la pandemia y la campaña del terror de la reacción neoliberal de las semanas previas. La victoria de las opciones Apruebo y Convención Constitucional por casi cuatro veces a sus contendoras, son evidencias contundentes e indiscutibles de la disposición electoral de la población. El cambio constitucional, que se instaló definitivamente como demanda  en las calles con las movilizaciones estudiantiles del 2011, y que ha sido útil como consigna para evidenciar las enormes aberraciones sistemáticas del modelo neoliberal durante toda la última década hasta la Revuelta Popular del 18 de Octubre: la enorme desigualdad, los bajos sueldos, las bajas pensiones, las enormes deudas de sobrevida de la mayoría de la población, las zonas de sacrificio, la violencia de género, y un largo etc. Así como no pudieron prever que el alza del transporte público devendría en el estallido de malestar social del 2019, tampoco se imaginaron que existía un nivel de conciencia de buena parte de la población con respecto a la necesidad del cambio estructural.

Como tampoco que casi el 80% de votantes haya optado por aprobar el cambio constitucional mediante Convención Constitucional, y no el mecanismo que fijaba cuota de la mitad de los actuales parlamentarios en el proceso. Es también un desprecio al sistema de partidos en su conjunto, una expresión clara de quienes no son bienvenidos en el proceso constituyente. Si queremos sumar elementos de mala lectura que tuvieron los administradores del neoliberalismo, podemos anotar que algunos sectores, como los partidos de la Concertación (actual Unidad Constituyente), supusieron un escenario similar al plebiscito de 1988 que sacó a Pinochet de la Presidencia, donde la población confiaría en los partidos que promovieron la opción mayoritaria para la conducción del proceso. ¡Sus viejas “glorias” los nublan! Porque desde el primer día después del plebiscito ha entrado en cuestionamiento las condiciones desfavorables para la participación de los independientes en desmedro de las listas de partidos tradicionales.

La ilusión del sistema de partidos sobre los resultados contrasta con el escenario real. La victoria del Apruebo es para la población el principio del fin de la Constitución de Pinochet, en ningún caso es la ratificación del ilegitimo acuerdo elitista por el cambio constitucional. Mientras no haya garantías para una representación efectiva de los movimientos sociales y sus tendencias por fuera de la actual transa partidaria, escaños reservados para representaciones de las Primeras Naciones del territorio (Mapuche, Aymara, Rapa Nui), y ninguna propuesta efectiva de bases constitucionales que garanticen derechos sociales sin un modelo de super explotación del trabajo y los recursos naturales, el escenario está tan abierto e incierto como aquel 18 de Octubre.

Los partidos de Unidad Constituyente, cercanos a las propuestas de la socialdemocracia europea y del Grupo de Puebla, se han pronunciado por constituir un “Estado Social de Derechos”, asimilando las experiencias de la Zona Euro, pero sin discutir la matriz productiva de su desarrollo económico, el cuál puede sustentar parte de sus sistemas de protección social gracias a las altas cargas impositivas a los grandes grupos conglomerados transnacionales de origen europeo. ¿Cuál sería la base de esta gran oferta de “Estado Social”, a la que también adhieren sectores de la derecha que llamaron a votar apruebo? ¿Más tratados de libre comercio? ¿Más inversión extranjera a costa de menos derechos laborales? ¿Más derechos laborales a cambio de más proyectos extractivistas? Lo único claro que pareciera surgir de estos sectores es una propuesta de un Neoliberalismo soft o de baja intensidad, donde se puedan consolidar ciertos derechos sociales en base a profundizar la actual matriz productiva volcada a las ventajas comparativas.

Propuestas que- junto al reclamo por salud, vivienda, educación, y pensiones- más inciden en el ámbito de la nacionalización de recursos y la defensa de los derechos de la madre tierra están dispersas en un amplio marco de movimientos sociales que reclaman su independencia, el Partido Comunista de Chile y algunos sectores del Frente Amplio. Estos últimos no han podido asumir un rol de consolidar un bloque efectivo que apunte a un proceso de democratización; y con calculadora en mano están viendo pactos electorales de “oposición”, viendo sus oportunidades con los mismos personajes responsables de los 30 años de profundización del modelo.

Si consideramos que el 22% que obtuvo el Rechazo es un electorado derechista tradicional y disciplinado, que irá a votar por constituyentes que defiendan el extremismo neoliberal en la futura Convención; la falta de unidad de un bloque democratizador, que luche por una constitución garante de derechos sociales y proyectando un modelo de desarrollo más humano y soberano puede complicar las opciones de un cambio real en los próximos dos años, a pesar del apabullante triunfo del apruebo.

SG.- La celebración del pueblo fue tan contundente como el resultado. ¿Qué balance hacen del nivel de participación en la votación?  ¿Qué lectura hacen de las consecuencias en el estado de ánimo de las masas? ¿Qué se puede esperar del sostenimiento de la movilización y el papel que jugará en lo que se viene?

F.C.- En términos prácticos, de diez chilenos habilitados para votar, sólo la mitad fue a votar, y de los cinco que fueron a votar, cuatro estuvieron por los cambios. Es difícil poder caracterizar con certeza las razones de la abstención de este plebiscito más allá que la apatía y el miedo al contagio, pero en ningún caso podríamos afirmar que la abstención por rechazo al proceso de cambio constitucional marcó tendencia, a pesar del llamado de algunos grupos. De todas maneras, es importante contemplar la gran cantidad de personas que no participaron de la votación – entre ellos, los estudiantes secundarios sin derecho a voto y responsables de las evasiones masivas de hace un año- porque muchos de ellos son y serán participes de proceso constituyente en los espacios autoconvocados en sus barrios, lugares de trabajo y territorios en general. Durante los próximos dos años será fundamental la articulación de estas organizaciones, su constancia observando el proceso y generando debate desde las bases del movimiento social, y su capacidad de presión con acciones a nivel nacional por sus demandas durante el proceso.

También es importante destacar que los resultados electorales evidenciaron las contradicciones entre la reducida elite beneficiada por el modelo que defiende la actual institucionalidad pinochetista y las grandes mayorías que son expropiadas y explotadas por este sistema basado en la precarización. Mientras que en las cinco comunas en que ganó el Rechazo al cambio constitucional destacan tres donde se concentra la población más pudiente del Gran Santiago (Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea); las cinco comunas donde el apruebo obtuvo un mayor porcentaje de apoyo son consideradas zonas de sacrificio por la explotación medioambiental de termoeléctricas y refinerías mineras. El contenido político de la Revuelta y las diferencias económicas y sociales forjadas por casi medio siglo se expresaron con claridad durante el plebiscito.

Si bien todo el tiempo transcurrido entre el 18 de Octubre y el plebiscito ha significado un enorme desgaste para los sectores populares por la represión, la pandemia y la crisis económica; las organizaciones surgidas al calor de la Revuelta se han consolidado en la acción solidaria y el debate político. Varias de ellas se están articulando para presentar listas para la constituyente, como también por otras disputas. Hay que considerar que el desempleo sigue en cifras históricas arriba de dos dígitos desde el 2018, hay poca liquidez monetaria y el Estado solo ha permitido a los trabajadores a recurrir a sus propios ahorros previsionales. Además, hay miles de presos por la Revuelta con sus procesos judiciales estancados, y la gran mayoría de crímenes por parte de agentes del Estado sin responsables. Tanto la crisis económica como las demandas de justicia y verdad ante las violaciones de DDHH irán a la par con el proceso constituyente, en los últimos 16 meses formales del gobierno de Piñera. Estos son los tres frentes de lucha inmediatos en donde las organizaciones territoriales y de trabajadores se estarán articulando y movilizando, dejando la poca gobernabilidad que le queda al piñerismo en entredicho.

SG.- De cara a la elección de constitucionales de abril de 2021 ¿Qué desventajas existen desde el sistema electoral vigente para la misma? ¿Qué estrategias hay en juego para lograr posicionar candidatxs genuinxs?

F.C.-  El actual sistema de elecciones premia a la mayor unidad de coaliciones partidarias en listas y castiga la dispersión de ellas. La consolidación de votación por una lista (al duplicar a la siguiente menos votada) implica arrastre de candidaturas, la cual se da en un orden de preferencia determinadas por el sistema de partidos políticos. Precisamente, y coincidencias aparte, el actual mecanismo electoral consolida el poder de los partidos tradicionales en su determinación de candidatos en desmedro de los independientes, los cuales para presentar sus candidaturas tienen que reunir seis mil firmas más que candidatos respaldados por capos partidarios. Solo hasta el 11 de enero tienen los espacios autoconvocados entre los sectores populares y los movimientos sociales para componer sus listas en cada distrito y presentar sus candidaturas por fuera del actual sistema de partidos.

En el actual escenario de dispersión de los sectores más tendientes a un proceso efectivo de democratización, no sería extraño que en las elecciones de constituyentes se replique la actual composición del Congreso. Considerando que las reglas establecidas implican un quorum de 2/3 para las votaciones dentro de la Convención y la confirmación de la actual Constitución pinochetista en caso de ser rechazada la nueva constitución en el plebiscito de salida, el escenario sería mucho más favorable para los neoliberales, tanto moderados como extremos. Sin embargo, la conquista de derechos reclamados por décadas de movilizaciones de los pueblos seguirá dependiendo de la capacidad de articulación y movilización de estos durante los dos años de Convención Constitucional.

SG- Teniendo presente que, para que lo que finalmente se plasme en la nueva constitución, sean las reivindicaciones sentidas del pueblo, se requiere de una correlación de fuerzas favorable y decisiva ¿Qué mecanismos se plantean entre los sectores organizados, para ampliar el proceso constituyente y que no quede en el espacio cerrado de la Convención Constitucional, ni sea un proceso paralelo sin incidencia?

Las Asambleas Territoriales, los Cabildos Barriales, las mesas intersindicales de distintos sectores productivos, entre otros, son parte de los espacios autoconvocados donde los sectores populares han reclamado su soberanía constituyente como clase y para construir su proyecto de país para disputar la nueva constitución. Si bien la actual reglamentación del proceso por parte de las elites favorece para ellas mismas la correlación de fuerzas, ya es un avance en las subjetividades la comprensión de la complejidad del proceso. Al calor de la Revuelta, muchos sectores movilizados se han preparado para disputar las elecciones de constituyentes, los debates del proceso, los contenidos cruciales y el integrar a los sectores más apáticos al proceso.

Se palpa la convicción de que nadie se fue a la casa a esperar lo mejor del proceso, lo cual es una estocada importante a la timorata democracia representativa a la que nos tenía acostumbrado durante décadas el civismo republicano chileno. Las organizaciones populares tradicionales, como los sindicatos, el movimiento estudiantil, y los comités de vivienda, han avanzado los últimos años en articulaciones inter-seccionales para imponer demandas pendientes durante tres décadas de fallida transición. En el intertanto, la emergencia del movimiento feminista y las luchas territoriales por los derechos de la madre tierra durante los últimos años ha dotado de nuevas herramientas de participación, dialogo, auto-educación y presión a las elites. Vivimos un proceso de repolitización de los sectores populares que está madurando al calor de las luchas de la última década, consolidadas en la primera Huelga General de hace un año, la primera del siglo XXI en este territorio. No es para extrañarse de una articulación entre profesores, comités de vivienda, movimientos ambientalistas, coordinadoras de inmigrantes, entre otros, surja un Manifiesto por la Asamblea Popular Constituyente y el llamado a constituir asambleas comunales para asediar el proceso con movilización.

La capacidad de los movimientos sociales en el seno del mundo popular para sostener sus organizaciones en debate y visión permanente al proceso durante los dos años, como la planificación y efectiva organización de jornadas nacionales de movilización, serán cruciales para que la Constituyente no sea un teatro del reacomodo de poderes entre los oligarcas del país.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s